Para darle algo de vidilla al blog que lo tengo excesivamente abandonado voy a hablar de un tema que me gusta mucho, que es el mundo de los relojes. Esta es una entrada muy diferente a las que suelo escribir y espero no aburrir a nadie, la pondré como un experimento.
Desde hace siglos el hombre ha sentido la necesidad de medir el tiempo. El invento del reloj es uno de los más antiguos que existen, se han encontrado relojes solares en yacimientos arqueológicos milenarios. Pasando los siglos, según han mejorado nuestras tecnologías y conocimientos la manera de medir el tiempo ha variado notablemente a través de ingenios tan curiosos e interesantes que podrían llenar una enciclopedia. Por ello me centraré en un campo más moderno, los relojes de pulsera.
Los primeros relojes de pulsera surgieron en el siglo XIX. Hasta entonces los relojes más pequeños que se habían creado habían sido los de bolsillo, que eran los relojes más extendidos por aquel entonces. Durante ese siglo los relojes de pulsera fueron algo poco frecuente, pocos relojeros trabajaron en ellos y apenas se pueden encontrar colecciones completas. De hecho no fue hasta la Primera Guerra Mundial cuando el reloj de pulsera se convirtió en un elemento común, especialmente entre los hombres. Las condiciones de los combates popularizaron ese tipo de maquinarias que permitían mirar la hora sin dejar de apuntar con las armas en el frente.
Así fue como a partir de entonces la industria relojera mundial se centró casi en exclusiva en el desarrollo de relojes de pulsera. Durante la primera mitad del siglo XX se realizaron grandes avances en el campo de la relojería mecánica, consiguiendo complicaciones cada vez mayores en los relojes, mayor precisión e inventos como el movimiento automático que evita la necesidad de dar cuerda al reloj al incorporar un volante que almacena la energía del movimiento de la mano en la cuerda del reloj. Dentro de esta industria, la relojería Suiza desde el siglo XIX siempre fue en cabeza, adelantándose en los avances y consiguiendo los movimientos más precisos.
Alrededor de los años 50 del siglo XX, comenzaron a surgir varios diseños eléctricos que alimentando con baterías las maquinarias del reloj pretendían evitar la necesidad de los movimientos mecánicos. Sin embargo estos relojes eran caros y complejos. No fue hasta el año 1967 cuando se desarrolló el primer reloj de cuarzo en el Centro Electrónico Relojero (CEH) en Suiza, aprovechando las propiedades piezoeléctricas del cuarzo. A modo de resumen, el cuarzo tiene la propiedad de que sometido a una diferencia de potencial eléctrico, oscila con una frecuencia característica. Lo cual es muy útil para conseguir un oscilador preciso que regule la maquinaria de un reloj.
Sin embargo, a pesar de haberse diseñado en Suiza los primero relojes de cuarzo, la relojería suiza rechazó su uso y le dio la espalda a esa tecnología centrándose en las maquinarias mecánicas. Ese error casi acaba con la industria suiza del reloj. A finales de los años 60 y principios de los 70, la industria japonesa, encabezada por las marcas Seiko, Citizen y Casio, comenzó la fabricación en serie de relojes de cuarzo consiguiendo una auténtica revolución mundial. Hasta entonces tener un reloj era algo que no todo el mundo podía permitirse. Un reloj mecánico era caro, especialmente si se trataba de una maquinaria de precisión y muchas personas en el mundo sencillamente no podían acceder a esa tecnología. Con el desarrollo de las maquinarias de cuarzo se logró fabricar en serie y por poco dinero aparatos que antes requerían un desarrollo manual caro. Además con la ventaja de que la peor de las maquinarias de cuarzo tiene mayor precisión que cualquier reloj mecánico por preciso que sea.
Este fenómeno consiguió que en Suiza se alcanzara una crisis desastrosa que casi acaba con el sector relojero, sus ventas disminuyeron de forma espectacular, siendo incapaces de competir con las marcas japonesas. Los estudios económicos calculan que en esa época las empresas suizas despidieron a 60.000 de los 90.000 trabajadores que se dedicaban a esa industria. Hasta que apareció Swatch las cosas cada vez estaban peor. Se puede decir sin lugar a dudas que Swatch salvó la relojería en Suiza.
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